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La vida enseña

No cabe duda: los viajes ilustran. Para no ir más lejos, hace una semana visité a un amigo en Zempoala, un pueblito pegado, ahí nomás, a Tulancingo, lleno de magueyes y árboles pobres de hojas, lagartijas y ratas de campo, surcos vacíos y piedras grandes, pero sobre todo, amplias extensiones de sol con pocas islas de sombra. Aquí, en medio del campo, a las 12 del día, con un calor ruidoso, don Abundio, recargado en un árbol, cobijado por una fresca sombra, me recordó que, para escuela profunda, la escuela de la vida como ninguna. Por eso decía que los viajes ilustran, si no he ido a ese pueblo, ese día a esa hora, no me hubiera encontrado a Don Abundio para recibir la lección del año.
La cosa estuvo más o menos así: Yo ahí parado a pleno sol, a dos metros de Don Abundio, escucho psst, psst, güerito, véngase pa’la sombrita, que hace ahí, asoleándose. Y bueno pues, lo volteo a ver, como los capitalinos actuamos normalmente, medio haciéndole caso y no para responderle con un gracias, aquí estoy bien. Luego, luego, otra vez el psst, psst, güerito, hágase pa’ca hombre, yo se lo que le digo. Ya noté cierta urgencia en su tono con algún dejo de preocupación. Una vez más, así como haciéndole caso a medio pelo, no, gracias, aquí estoy bien.
Psst, psst, güerito, acérquese, que quiero hacer negocio con usted. Ándele, logró picar mi curiosidad, y pensé, nada pierdo y ahí voy, a acercarme, muy sobradito, seguro de mi pinta de chilango seductor de pueblerinos.
¿Qué pasó Don Abundio? ¿pa’qué negocio soy bueno?, le dije, bien infladito y con la autoestima muy alta. Pos no se bien güerito, soltó directo, pero fíjese que hace años mi tata, que por cierto era un hombre muy pero muy sabio, me dijo: “mire mi’jo, si algún día en su camino por la vida se encuentra a alguien que pudiendo estar en la sombra está paradito en el sol, haga negocios con el por que de seguro es un pendejo”, y pos’que lo veo a usted tan paradito en el sol y tan cerquita de la sombra, que me dije seguro con este güerito puedo hacer negocio.
No cabe duda: los viajes ilustran 

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