Todos diariamente interactuamos estableciendo pautas de conducta social que manifiestan nuestra cultura y educación; algunas que son propias de nosotros los mexicanos, nos pintan en cuerpo y alma. Hoy, por no ir más lejos me tocó ver en una vía rápida a conductores desesperados ingresando en reversa por la pluma de salida, a riesgo de provocar un accidente o de estorbar francamente a quien quisiera hacer uso de la misma en el sentido para el que fue originalmente pensada.
No nos gusta respetar el paso de los demás, nos saltamos el lugar en la fila y, curiosamente, eso hace que nos creamos más listos en lugar de apenarnos, ofrecemos una “mordida” en lugar de asumir nuestra responsabilidad y pagar la multa.
Es común ver que de un vehículo en marcha, se deja caer basura y nadie se sorprende ni mucho menos hace nada. En pocas palabras el respeto por los otros y, en muchas ocasiones por nosotros mismos, no parece ser una de nuestras grandes fortalezas. Es como si tuviéramos una serie de profundos atavismos que nos impiden a actuar sin peso en la colectividad, es una esencia individual y social que se va tejiendo y elaborando a través de la educación que recibimos; cultura y educación en una simbiosis capaz de explicar nuestra acción como personas y sociedad.
Ya lo dijo de alguna manera clara el Filosofo de Güemes (Encarnación de la Picardía Tamaulipeca), ...”estamos como estamos, porque somos como somos”.
No quiero decir, ni siquiera insinuar, que sólo tenemos conductas poco apropiadas para la convivencia social, por supuesto hay muchas cosas buenas a nuestro favor, sin embargo quisiera permitirme la licencia de explorar los diferentes aspectos de la actitud que guardamos frente a los demás a partir de las que parecen representar un freno para mejorar la vida en común.
Los dos conceptos a revisar para intentar un primer acercamiento al tema, inevitablemente tienen que ser educación y cultura. En lo personal siempre me ha parecido muy claro entender la cultura como…”todo lo creado por el hombre”, así el lenguaje, las normas sociales, un auto, una casa, una pintura, una fotografía, son como muchas otras cosas propias del hombre, expresiones culturales, es decir creaciones humanas.
Desde esa perspectiva resulta menos complicado entender a la educación como el proceso de apropiación de esa cultura; cuando aprendemos a hablar, a escribir, a usar un auto e incluso cuando aprendemos códigos de conducta no escritos en nuestro grupo social, estamos educándonos, esto significa que por este hecho ampliamos la carga cultural que tenemos.
Por lo tanto la educación ( su calidad, cantidad y dirección) determina el nivel cultural de toda una sociedad. Recibimos educación en nuestra casa, con nuestros amigos, en la escuela, y en casi cualquier lugar donde exista algo producido por el hombre. En resumen, somos el producto de una carga cultural que obtenemos a través de la educación, por cualquiera de sus tres canales: formal, no formal e informal; el sistema educativo está obligado por lo tanto a consolidar y modificar las pautas culturales a través de todos los instrumentos a su alcance y primordialmente los contenidos educativos y las normas y reglas que se aprenden y asumen en la operación de las escuelas.
Si juzgamos la calidad del sistema educativo nacional, por su resultado final en la construcción de un ciudadano y la forma en que la sociedad en su conjunto se desenvuelve, tal vez deberíamos de ser mucho más severos en la exigencia de una mejor educación. Hay que compararnos con otros países, otras sociedades, aspirar a una convivencia mas respetuosa y tolerante es lo menos que se puede esperar alcanzar. La ilusión es que esto sea posible algún día.
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